Por: José Luis “Pepeles” Pérez | Pocket Coach

Hay una palabra que escucho constantemente cuando alguien empieza a cuidarse:
"Ya estás obsesionado."
Si alguien va al gimnasio cinco veces por semana...
Está obsesionado.
Si alguien empieza a leer etiquetas...
Está obsesionado.
Si alguien decide llevar comida preparada al trabajo...
Está obsesionado.
Si alguien rechaza un refresco...
Está obsesionado.
Pero curiosamente, casi nadie utiliza esa palabra cuando una persona:
Entonces surge una pregunta interesante:
¿Realmente estamos obsesionados con cuidarnos o hemos normalizado tanto los malos hábitos que cualquier intento de mejorar parece exagerado?
Cuando una persona comienza a mejorar su alimentación suele escuchar comentarios como:
Sin embargo, vivimos en una sociedad donde gran parte de la población tiene sobrepeso u obesidad.
En México, más del 70% de los adultos presentan sobrepeso u obesidad.
Eso significa que estadísticamente el comportamiento "normal" no necesariamente es el más saludable.
Muchas veces no estás haciendo algo extremo.
Simplemente estás haciendo algo diferente a la mayoría.
Leer una etiqueta nutricional toma menos de 30 segundos.
Pero pedir comida ultraprocesada varias veces por semana puede convertirse en una rutina automática durante años.
Una persona revisa calorías y proteínas antes de comprar un producto.
La critican.
Otra persona consume diariamente refrescos, botanas y comida rápida.
Nadie dice nada.
No todo comportamiento repetido recibe el mismo juicio social.
Y muchas veces el problema no es la conducta.
Es la dirección de la conducta.
Este fenómeno ocurre constantemente.
Cuando alguien empieza a mejorar suele incomodar a quienes no quieren cambiar.
Porque tu disciplina les recuerda las decisiones que ellos mismos están evitando tomar.
No se trata de juzgar a nadie.
Se trata de entender que muchas veces las críticas hablan más de quien las hace que de quien las recibe.
Una pregunta incómoda.
¿Qué parece más obsesivo?
Muchas personas pasan más tiempo viendo contenido fitness que haciendo ejercicio.
El problema no siempre es la intensidad.
El problema es el impacto que tiene sobre tu vida.
Existen personas obsesionadas con:
Y existen personas obsesionadas con:
La pregunta no debería ser:
"¿Estás obsesionado?"
La pregunta debería ser:
"¿Esa conducta te está acercando o alejando de la vida que quieres?"
Muchas personas imaginan que una alimentación saludable significa:
Pero rara vez piensan en las consecuencias de una mala alimentación:
A veces confundimos disciplina con sufrimiento.
Y confundimos placer inmediato con bienestar.
Pocas personas lo ven así.
Pero existen individuos que pasan años enteros:
La inactividad física es uno de los principales factores de riesgo para múltiples enfermedades crónicas.
Si una conducta repetida durante años afecta tu salud, también merece ser cuestionada.
Muchos creen que quienes entrenan están obsesionados con el físico.
Pero en realidad muchas personas entrenan porque quieren:
A veces el músculo es sólo una consecuencia.
La verdadera búsqueda es sentirse mejor.
Hemos normalizado:
Y cuando alguien intenta corregirlo...
parece raro.
Quizá el problema no es que algunos se estén obsesionando con su salud.
Quizá el problema es que llevamos años normalizando hábitos que nos enferman.
Llegamos al punto final.
Porque no todas las obsesiones son iguales.
Si una conducta te ayuda a:
tal vez no deberíamos criticarla tan rápido.
No estoy obsesionado con entrenar.
No estoy obsesionado con comer saludable.
No estoy obsesionado con sentirme bien.
Simplemente entendí que la salud no aparece por accidente.
Y que las decisiones que repetimos todos los días terminan construyendo la vida que vivimos.

