Por: José Luis “Pepeles” Pérez | Pocket Coach

Desde pequeños nos enseñaron que había que desayunar a cierta hora, comer a cierta hora y cenar a cierta hora. Nos enseñaron a terminar todo el plato aunque ya estuviéramos llenos. Nos premiaron con un postre si nos acabábamos la comida y hasta nos prohibían ir a jugar si antes no terminábamos de comer.
Con el paso de los años dejamos de escuchar algo mucho más inteligente que cualquier reloj: nuestro propio cuerpo.
En este episodio hablaremos de cómo hemos perdido la capacidad de reconocer el hambre y la saciedad reales, cómo funcionan hormonas como la grelina y la leptina, y por qué volver a escucharlas puede ser una de las herramientas más poderosas para mejorar tu alimentación sin vivir a dieta.
Durante años hemos escuchado frases como:
Pero la realidad es que el cuerpo humano no funciona siguiendo un reloj.
Nuestro organismo evolucionó durante miles de años en un ambiente donde la comida no estaba disponible las 24 horas.
Había días con abundancia.
Había días con escasez.
Y el cuerpo aprendió a adaptarse perfectamente.
No existe una regla biológica que diga que todos debemos comer exactamente tres, cuatro o cinco veces al día.
Algunas personas funcionan mejor con dos comidas.
Otras con tres.
Algunas prefieren cuatro comidas pequeñas.
Lo importante no es el número.
Lo importante es aprender a identificar cuándo realmente existe hambre fisiológica.
Nuestro cuerpo posee un sistema increíble para regular el apetito.
Dos de las hormonas más importantes son:
Grelina.
Conocida como la hormona del hambre.
Cuando aumenta, le dice al cerebro que es momento de buscar alimento.
Y la leptina.
La hormona encargada de avisarnos que ya hemos comido suficiente y que nuestras reservas de energía son adecuadas.
El problema es que muchas personas han dejado de prestar atención a estas señales.
Comen porque el reloj marca la una de la tarde.
No porque realmente tengan hambre.
O siguen comiendo aunque la leptina ya esté enviando señales de saciedad.
Con el paso del tiempo dejamos de reconocer estas sensaciones naturales.
Piensa un momento.
¿Cuántas veces escuchaste frases como estas?
Aunque estas frases normalmente nacen con buena intención, poco a poco enseñan algo muy peligroso.
Que debemos obedecer reglas externas antes que escuchar nuestro propio cuerpo.
Aprendemos a comer aunque ya no tengamos hambre.
O dejamos de comer cuando todavía podríamos necesitar más alimento.
Así comienza a perderse la conexión natural con nuestras señales biológicas.
Muchas personas desayunan simplemente porque "ya son las ocho".
Comen porque "es la hora de la comida".
Y cenan porque "ya toca cenar".
Sin preguntarse algo muy sencillo.
¿Realmente tengo hambre?
Esto no significa que los horarios sean malos.
Los horarios pueden ayudar a crear organización.
El problema aparece cuando dejamos que el reloj tenga más autoridad que nuestro propio organismo.
Escuchar al cuerpo no significa comer impulsivamente.
Significa aprender a diferenciar el hambre real del aburrimiento, el estrés, la ansiedad o la simple costumbre.
Existe otro extremo.
Muchas personas siguen comiendo hasta sentirse completamente llenas.
Incluso incómodas.
Porque crecieron creyendo que terminar el plato era una obligación.
La realidad es que la saciedad tarda varios minutos en llegar al cerebro.
Si comes demasiado rápido o comes por inercia, es muy fácil consumir mucho más de lo que realmente necesitabas.
Aprender a detenerte cuando estás aproximadamente 80% satisfecho suele ser una estrategia mucho más inteligente que esperar a sentirte completamente lleno.
La buena noticia es que esta conexión puede recuperarse.
Empieza haciéndote preguntas sencillas antes de comer.
No necesitas vivir contando calorías toda la vida.
Tampoco necesitas depender para siempre de un horario rígido.
Entre mejor aprendas a escuchar las señales de tu cuerpo, más fácil será construir una alimentación sostenible durante años.
Quizá el mayor problema no sea que hayas olvidado cómo comer.
Quizá el problema sea que durante años te enseñaron a ignorar a tu propio cuerpo.
El reloj comenzó a decidir por ti.
Las costumbres comenzaron a decidir por ti.
La ansiedad comenzó a decidir por ti.
Y poco a poco dejaste de escuchar al mejor nutriólogo que siempre has tenido.
Tu propio organismo.
No se trata de comer cuando se te antoje.
Se trata de volver a reconocer cuándo existe hambre verdadera y cuándo ya es suficiente.
Porque cuando vuelves a confiar en las señales de tu cuerpo, comer deja de ser una batalla... y comienza a convertirse en un hábito mucho más natural, consciente y sostenible.

